La maternidad como vacuna

por | Oct 22, 2020 | Artículo | 0 Comentarios

 La maternidad nos ha sostenido durante siglos, tan poco se la mira, se la valora y se la honra que ha sido obviada su característica esencial como sustento permanente para la humanidad.

Las madres cargan a sus criaturas estando felices y con la tripa saciada, cuando están hambrientas, cuando están calientes en sus casas o cuando por el contrario han de caminar meses huyendo de guerras y desgracias. Ellas son la casa segura para sus bebés, la permanencia mientras que todo alrededor se tambalea y parece caer. Gracias a su regazo sus hijas e hijos crecen sintiendo que el mundo más allá de ellas les es indiferente, no les preocupa porque están en el paraíso, están sobre su madre.

Desde hace meses nos asola una terrible situación global, social, sanitaria y política, el mundo se enfrenta a tratar de resolverlo con idas y venidas, dimes y diretes que se eternizan sin solución inmediata a la vista. Pasa el tiempo y las familias atraviesan momentos de incertidumbre, miedo, angustia, tristeza y soledad. Acosados por noticias dramáticas varias veces al día, parece que estamos siendo inoculados con el virus del terror y la desesperanza. Y en medio de todo este caos, la maternidad se postula como la vacuna para esta epidemia de drama que nos envuelve. 

Las madres en sus cuerpos gestan bebés y procuran darles palabras bonitas, les dicen “todo irá bien, yo te cuidaré”, “no te preocupes”. Son portadoras de mensajes de amor y esperanza ya desde la gestación. Así que, como sociedad, toca cuidarlas a ellas, decirles “nosotros cuidaremos de ti”, “dime qué necesitas”, “no te separaremos de tu bebé, no te fallaremos en esto”.

Cuando nace su criatura, vuelven a poner su cuerpo calentito al servicio de ella, la acunan, acogen, y sostienen cuando tiene pena. Consuelan y calman, envuelven con oxitocina sus días y sus noches, haciendo que el mundo parezca bello, melodioso y pacífico. Logrando que las criaturas se sientan seguras e importantes. Por nuestra parte, urge tomar conciencia de tan enorme trabajo y  sostenerlas a ellas en el puerperio, darles cueva, herramientas, cuidados y comprensión para que puedan seguir construyendo días de amor para sus bebés.

Al ir creciendo, las madres siguen indefinidamente cuidando, cargando, lavando las mascarillas, tocando y besando a sus hijos para que no se les olvide que tras los trapos hay labios amorosos que les quieren comer, les alientan a tener esperanza en un mundo mejor. Siguen calmando cada día y cada noche, inventándose trucos para que sus pequeños sigan mirando con ilusión a las navidades, a las vacaciones, llenando sus cumpleaños vacíos.

La maternidad, gesta, pare, puerpera, cuida, cría, ama y cura. La maternidad es esperanza y es sostén en este huracán. Es en estos momentos de crisis y de miedo, cuando más que nunca la necesitamos para a través de ella, poder vacunarnos con todo lo que nos da, besos, trucos, abrazos, caricias, y amor. Para llenar a nuestras criaturas de luz y dejarnos llevar por la que ellas mismas emanan. Recuperando así la creencia de que seguiremos aquí, seguiremos amándonos.

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